La Policía de Israel anunció la implementación de un “plan de oración limitado” en la iglesia del Santo Sepulcro, tras bloquear el acceso del cardenal Pierbattista Pizzaballa, jefe de la Iglesia Católica en Jerusalén, a la tradicional misa del Domingo de Ramos. La decisión ha desatado una ola de condenas diplomáticas y críticas internacionales.
Según la institución policial, la medida se adoptó tras una reunión del comando de Jerusalén, donde se evaluaron los riesgos de seguridad en lugares de culto “que carecen de un área de protección estándar”. En el mismo comunicado, se informó que tanto la plaza del Muro de las Lamentaciones como el Monte del Templo permanecen cerrados a los fieles “por motivos de seguridad”.
El Patriarcado Latino de Jerusalén denunció que la comitiva privada del cardenal Pizzaballa fue interceptada por agentes israelíes cuando se dirigía al Santo Sepulcro, obligando al grupo a regresar. La medida ha sido calificada como “sin precedentes en siglos recientes” por el presidente de Portugal, António José Seguro, quien afirmó que afecta al derecho universal a la libertad religiosa, un pilar esencial de las sociedades democráticas.
El incidente también generó reacciones de varios gobiernos y organismos internacionales. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, instó a Israel a respetar “la diversidad de credos y el derecho internacional”. El presidente francés, Emmanuel Macron, denunció la “multiplicación de violaciones del statu quo en Jerusalén” y subrayó que el libre ejercicio del culto debe estar garantizado para todas las religiones. Por su parte, el viceprimer ministro italiano, Matteo Salvini, calificó la situación de “inaceptable y ofensiva”.
La Iglesia católica mexicana también condenó la prohibición, describiéndola como un “hecho que hiere la libertad religiosa y la sensibilidad de millones de fieles en el mundo en el inicio de la Semana Santa”, y llamó al respeto, la misericordia y la paz, citando al papa León XIV.
Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Saar, defendió la decisión, recordando que su país “está comprometido con la libertad de religión y de culto” y comparando la situación con amenazas externas, como los misiles iraníes que cayeron cerca del Santo Sepulcro.
El incidente marca un momento de alta tensión en Jerusalén, ciudad símbolo de la convivencia religiosa, y genera preocupación por la posibilidad de que afecte las celebraciones de Semana Santa y el respeto al derecho internacional en la protección de los lugares sagrados.
Fuente: Religión Digital



