Opinión: Mujeres rurales, actoras olvidadas [Vídeo]

Vídeo Radio Marañón "Contribución de la mujer rural en la producción del café en el nororiente peruano"

Editorial | Noticias SER

Este 15 de octubre se celebra el Día Internacional de las Mujeres Rurales, fecha establecida por las Naciones Unidas que busca reconocer y destacar el aporte fundamental de millones de mujeres del campo en todo el mundo a la seguridad alimentaria, la erradicación de la pobreza y la búsqueda del desarrollo, temas cruciales en los que su rol ha sido muy poco valorado.

En nuestro país, las mujeres rurales de las tres grandes regiones del Perú, son actoras fundamentales en la familia campesina, por su doble y simultaneo rol de productoras y cuidadoras, el cual ejercer en largas jornadas de trabajo no remunerado, a veces ni siquiera reconocido por sus propias familias ni mucho menos por la comunidad, que considera que ese es el papel “natural” de las mujeres, una posición social muchas veces reforzada por programas sociales y políticas públicas del Estado.

En el Perú, las mujeres del campo, sin embargo, vienen dando batalla en diferentes frentes para que su posición en la vida de la familia, la comunidad y la sociedad en general cambie. Ellas buscan un trato igualitario en la toma de decisiones al interior de las comunidades campesinas, y el reconocimiento de su activa participación en protestas y movilizaciones en defensa de sus territorios frente al avance del extractivismo. También avanzan individual y asociativamente para generar los recursos que les permitan cierta autonomía frente a sus parejas o esposos. Todo ello es expresión de una agenda mucho más vasta que rara vez es tomada en cuenta por quienes detentan el poder.

La pandemia, como ha ocurrido también con las mujeres de la ciudad, ha agregado tareas adicionales a las mujeres campesinas, por ejemplo en el acompañamiento a sus hijos e hijas para asegurar el acceso al programa “Aprendo en Casa”, con la dura limitación de la escasa y pobre calidad de la educación que ellas recibieron. Y ello junto a la hoy multiplicada tarea de cuidado de la salud de sus familias.

Igual de relevante es la respuesta pendiente del Estado, a las graves violaciones cometidas contra las mujeres entre los años 1980 y 2000, en el marco de la guerra interna y la pacificación autoritaria, que sobre todo afectó a las zonas rurales. En aquellos años, la dignidad, la integridad y la intimidad de las mujeres fueron cotidianamente vejadas, a través de la violencia y la violación sexual, así como de las esterilizaciones forzadas. Deuda enorme que el Estado sigue evitando reparar e insiste en negar.

Texto de Noticias SER

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