General César Astudillo renunció al cargo de jefe del CC.FF.AA

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El general del Ejército Peruano, César Astudillo, renunció al cargo de jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas (CC.FF.AA), a pocos días de que el Pedro Castillo asuma la Presidencia de la República, tras ganar las elecciones en segunda vuelta.

Además solicitó su baja del Ejército Peruano, la cual se hará efectiva el próximo 28 de julio del 2021. Astudillo estuvo al frente del CC.FF.AA desde octubre del 2018. Estuvo a cargo de la movilización militar en las labores de apoyo ante la pandemia del coronavirus.

César Astudillo Salcedo de 60 años fue parte de la operación militar en el Alto Cenepa, un enfrentamiento bélico ocurrido durante los meses de enero y febrero de 1995 en la cordillera del Cóndor en la que Perú y Ecuador se enfrentaron.

Asimismo Astudillo Salcedo formó parto de la operación Chavín de Huántar, en la que rescataron a 72 rehenes que fueron secuestrados por miembros del MRTA en la casa del embajador de Japón en 1997.

INFORME DE IDL – Reporteros

El edificio Tiffany’s, entre la avenida Arequipa y Pablo Bermúdez, alberga oficinas que no son precisamente glamorosas pero que en cambio producen historias sorprendentes.

Como la del viernes 23 por la tarde.

En el piso nueve de ese edificio está la oficina del economista Iván Merino.

¿Les suena el nombre? Merino es el dirigente de Perú Libre que tuvo a cargo parte de la coordinación del debate técnico en la campaña de la segunda vuelta. Debate en el que, salvo unos pocos casos, la actuación de Perú Libre fue de mala para abajo y le dio una victoria fácil a Fuerza Popular.

Quizá por eso, se supo poco de Merino durante el resto de la campaña.

Lograda y proclamada la estrecha victoria presidencial de Pedro Castillo, sin embargo, una eclosión febril de energías puso en movimiento a la gente y las expectativas que surgen entre la victoria y la toma de mando. Si Napoleón decía que en la mochila de cada uno de sus soldados estaba el potencial bastón de mariscal; cada candidato triunfante podría decir que en la cintura de cada uno de los militantes y afanosos simpatizantes que pululan en pasadizos y antesalas está anudado el fajín ministerial.

Pedro Castillo, presidente electo. (Foto: Andina)

Nada tiene de malo aspirar a cargos altos, de mucha importancia, especialmente cuando uno piensa antes en el honor que en la responsabilidad.

Pero todo político con un mínimo de criterio sabe que hay cargos ministeriales (y no ministeriales) de importancia decisiva, con los que no se juega… o no se debe jugar.

Pedro Castillo pareció entenderlo bien durante la campaña, en medio de la feroz campaña que lo sindicaba como un virtual destructor de la economía, cuando llamó a Pedro Francke a su lado, para que se hiciera cargo, desde temprano y con toda solvencia, de explicar la política económica racional que tendría su gobierno.

Igualmente importante, si no más, fue la petición pública que hizo Castillo al presidente del directorio del BCR, Julio Velarde, para que permaneciera en su cargo para asegurar la estabilidad económica del país.

Ambos gestos tranquilizaron (no del todo, pero sí mucho) los profundos temores de una parte significativa de la población, movidos por la feroz contracampaña de la ultraderecha y también por los mensajes erráticos de Perú Libre.

Tan importante como la economía era y es el ámbito de la seguridad nacional, especialmente en lo que concierne a las Fuerzas Armadas.

En ningún otro momento de este siglo (el de más larga vigencia de la democracia en nuestra historia), hubo mayor tensión ni mayor peligro de interrupción violenta del gobierno democrático que en esta elección.

Los llamados al golpe militar, sobre todo después de la segunda vuelta, fueron abiertos y desvergonzados. Se tocó, timbró y casi sacudió la puerta de los cuarteles pidiendo la intervención, el golpe militar. Muchos de quienes lo hicieron fueron militares retirados, algunos de los cuales comandaron, incluso en tiempos recientes, sus institutos.

Ya se había hecho algo parecido el año pasado, en las acciones de vacancia contra el entonces presidente Martín Vizcarra, que perpetró el Congreso presidido por Manuel Merino.

En el primer intento, como se recordará, Merino trató de contactar a los comandantes generales de las Fuerzas Armadas. La respuesta enérgica del entonces ministro de Defensa, Jorge Chávez Cresta frenó en seco esa acción.

Luego del segundo intento, después de vacar a Vizcarra y tomar por breves días el gobierno frente a las protestas masivas de la gente, Merino buscó ordenar a las Fuerzas Armadas que salieran a sofocar la movilización popular. Entonces, el jefe del Comando Conjunto, general EP César Astudillo, se negó a obedecer mediante un comunicado que expresaba en forma ejemplar el compromiso de la FFAA con la democracia y la defensa del pueblo peruano.

Chávez Cresta y Astudillo no solo resultaron cruciales en defender y mantener con firmeza el papel democrático y constitucional de la FFAA del siglo XXI, sino tuvieron en conjunto, una participación importante en algunas de las iniciativas más importantes contra la pandemia, sobre todo en los operativos Tayta.

Y ahora, en los últimos meses y las últimas semanas, el liderazgo de Astudillo en las FFAA fue de importancia central en mantener cerradas las puertas de los cuarteles a quienes pedían un golpe militar.

Así como Castillo tuvo clara la necesidad de dar seguridad a la gente sobre el manejo económico, debió tener la misma, si no mayor claridad para asegurar la continuidad del liderazgo militar democrático durante los primeros meses cruciales de su gestión.

Diversas fuentes cercanas a Castillo afirmaron que este había decidido convocar a Chávez Cresta como ministro de Defensa a la vez que mantener a Astudillo al frente del CCFFAA hasta octubre, cuando debe pasar al retiro. Eso daría seguridad y estabilidad al nuevo régimen durante los difíciles meses que se aproximan. Y permitiría renovar con fuerza los operativos Tayta como parte de las estrategias para romper la tercera ola de la peste.

Entonces entró el Tiffany’s en la historia.

IDL-Reporteros recibió información, que esta publicación buscó confirmar y corroborar con todas las fuentes posibles, que el ex ministro Chávez Cresta fue convocado ayer a una reunión para exponer sus ideas y planes sobre cómo manejar el sector Defensa a partir del 28 de julio.

La reunión fue en la tarde del viernes 23, en la oficina de Iván Merino en el edificio Tiffany’s.

Chávez Cresta concurrió acompañado por tres o cuatro colaboradores, unos civiles y otros militares en retiro.

Lo esperaban tanto Iván Merino como el abogado Walter Ayala y un colaborador de este.

Aunque no ha sido posible averiguar el orden preciso de los temas, está claro que una parte de la reunión fue dedicada a la exposición de Chávez Cresta.

La otra parte fue la sorpresa de Tiffany’s.

Jorge Chávez Cresta, exministro de Defensa. (Foto: Mindef)

La gente de Perú Libre le dijo a Chávez Cresta y sus acompañantes que apreciaban su conocimiento y dominio del sector, pero que, dado que eran un gobierno de izquierda, no podían tener a militares, aunque fuera retirados, como ministros. Y que se había tomado el acuerdo de nombrar a Walter Ayala como próximo ministro de Defensa.

El problema era que Ayala, un abogado eficiente y capaz , cuya acción legal logró frenar el intento del último Congreso, de nombrar al guerrazo a los nuevos miembros del TC, tenía un desconocimiento casi sin resquicios sobre el sector Defensa.

No se lo pensaba utilizar donde podría servir incluso con distinción, en el ámbito legal, sino donde tenía – sin culpa suya en absoluto– no solo desconocimiento sino ignorancia.

Walter Ayala. (Foto: Justicia Viva)

¿Podía Chávez Cresta y su equipo hacer una especie de entrenamiento express del próximo ministro y luego colaborar con él como consejeros?

Chávez Cresta, según pudo averiguar IDL-R, ofreció entregarle los documentos expuestos, pero rechazó ser asesor o consejero.

El ex ministro y su equipo se despidieron poco después y, ya en la calle, conversaron un rato sobre las sorpresas que deparó el día.

De alguna manera, la información llegó poco después a la oficina del general Astudillo en el CCFFAA.

Este, según versiones confiables, tomó de inmediato la decisión de pedir su pase al retiro antes del 28 de julio, dejar su comando y concluir antes de tiempo una notable carrera militar, que incluyó su participación combatiente en el conflicto del Cenepa y la operación Chavín de Huántar.

Lo grave es que la ¿cómo llamarla? superlativa necedad del Tiffany’s dejó al sector Defensa y a la FFAA sin el crucial liderazgo de quienes representaban en el ámbito institucional el mismo nivel de garantía y estabilidad, si no mayor, que el de Velarde en el BCR o Francke en el MEF.

Así, antes de asumir el poder, el gobierno de Castillo ha perpetrado un acto de sabotaje contra sí mismo en la volátil circunstancia actual que pareciera denotar una extraña vocación autodestructiva.

¿Quién se equivocó, Castillo o su sombrero? La situación que uno u otro ha provocado gratuitamente, es grave pero quizá no irresoluble. El problema es que encontrar la solución adecuada requiere la inteligencia y el conocimiento que brilló por su ausencia en este caso.

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